El diseño, como la vida misma, ya no es el que era antes de la IA. Hasta hace no mucho, los que vivimos de esto teníamos más o menos claro cómo llegar a fin de mes… Haciendo logos, retocando fotos, carteles, revistas, etc. Hoy, eso lo hace cualquier persona con un prompt en menos de un minuto. ¿Qué será de los diseñadores?

1. Un escenario poco alentador

Creo que pocos serán tan osados para atreverse a lanzar predicciones, mucho se ha dicho sobre los trabajos, oficios y profesiones que están en riesgo de desaparecer. Y los diseñadores siempre estamos en esas listas catastróficas.

El otro día un cliente, con el que ya no tenía contacto por algunos meses, me preguntaba: “Oye Fabian, ¿Cómo te ha ido ahora con las IAs? ¿No te han bajado muchos los proyectos?”. A los pocos minutos me envió un flyer y me pidió que adaptáramos su web a la nueva imagen.

Yo sé que muchos dirán, es que lo que genera la IA se ve genérico, sin personalidad, todo se ve igual… Y créanme, yo también lo pienso así. Pero la realidad dolorosa es que no importa. Al cliente le funciona, le parece adecuado y, lo más importante, le resuelve un problema puntual en tiempo récord.

Y aquí viene lo peor: si antes pagaban poco o mucho por trabajos que no siempre eran profesionales, con la IA serán aún más benevolentes con los diseños que les entrega por dos sencillas razones: 1. Fue gratis. 2. Lo hicieron ellos mismos. No importa cómo, pero su idea se materializó en segundos, y frente a ellos tienen una pieza que pueden mostrar, publicar, utilizar y defender como propia.

Así que, hoy, no puedo responder si la figura del diseñador gráfico desaparecerá. Lo que tengo claro es que nuestra labor diaria nunca volverá a ser como antes.

2. Un reto emocionante

Pero ¿es esto tan malo como parece? Yo creo que no. Sigo teniendo días saturados con proyectos, cosas que entregar, pendientes por cumplir y oportunidades por explorar. Una herramienta que permite a cualquier persona desarrollar piezas gráficas y resolver sus problemas de comunicación gráfica más o menos bien, en las manos correctas, en las manos del diseñador, se convierte en “LA HERRAMIENTA”. A muchos de nosotros no nos tocó la transición de lo análogo o lo digital, pero recuerdo a mis maestros decir con nostalgia como es que maquetaban antes de InDesign, el retoque fotográfico antes de Photoshop o las ilustraciones antes de Illustrator. Hoy estamos ante un nuevo cambio, quizás el más grande de la historia. Un cambio que nos forzará a reinventar la profesión. Nos forzará a ser creativos no solo en las piezas que diseñamos, sino en cómo empaquetamos nuestros servicios. En cómo persuadimos a nuestros clientes de que nos siguen necesitando. En cómo le sacamos verdadero provecho a estas nuevas herramientas y no nos quedamos apantallados por su brillo superficial.

3. La ventaja del diseñador sobre el prompt (por ahora)

Somos los diseñadores los que tenemos los criterios técnicos, estéticos para entender las necesidades del cliente y la mejor forma de comunicar el mensaje. El pecado sería que tus diseños se parezcan a los resultados genéricos de los que hablábamos antes.

Debemos convencer a los clientes que aportamos valor, pero ahora de verdad, no con argumentos subjetivos. El cliente debe sentir el respaldo de un profesional que se hará responsable si el tiraje de revistas sale mal. Si su logo no rinde, o si su sitio web es más inseguro que caminar de madrugada por el centro de las grandes ciudades. La IA no tiene algo que el diseñador sí. Y es la experiencia de saber cuándo romper la regla, cuándo salirnos de la retícula, cuándo parar en seco al cliente y decirle “NO” o decirle “mejor así”. La IA siempre concederá cuando le pidan “ponle más diseño”.

4. El nuevo diseñador

La IA no nos está quitando el trabajo, nos está quitando la parte del trabajo que nunca fue (o nunca debió de ser nuestro trabajo). Nos quita clientes que no querían ser nuestros clientes (y que, si no fuera por las cuentas por cubrir, tampoco los queríamos como clientes).

Es momento de redefinir nuestro ejercicio, de adaptarnos a las nuevas herramientas y a la vertiginosa velocidad a la que avanzan. Pues, como la vida misma, el diseño es la jungla y el más apto sobrevive.